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Antes de irme le di un beso y la rodeé con cariño en una mantita roja, hace mucho frío estos días. Le gusta mucho sentarse ahí y a mí me encanta verla cuando llego a casa y que me mire con esa expresión de verdadera alegría.
He perdido la cuenta de cuántas veces he pensado en ella a lo largo de la mañana, pero no quiero que esté triste. Las maquetas de los barcos se las queda Manuel, que no paraba de imaginar el momento de empezar a tratar con ellas. He limpiado las películas con Jorge y se las vamos a regalar a una asociación de niños. La tita y mamá han reído dividiéndose el menaje de la cocina y yo he estado largo rato pasando las páginas de la colección de décimos de lotería, José se ha puesto muy contento cuando lo ha visto. Hay una caja especial para los sellos, hay tantos como recuerdos tienes en tu corazón.
A veces mamá decía mi nombre en voz alta porque sabía que me gustaría tener ese trocito de vida. He guardado el reloj de oro, su alianza y una fotografía preciosa.
Te prometo que algún día la cajita volverá a su sitio y que me asomaré al balcón para regar las macetas y echarle un poquito de pan a los palomos, como te gusta llamarlos. Te prometo que nunca nos vamos a ir de allí.